Soles brillantes

Verónica Pavón enfermó de leucemia a los ocho años y hoy está completamente curada. Ella acompaña a soles y te invita a pintarle la cara al cáncer infantil.
"Hoy cuando miro hacia atrás agradezco a la vida por darme otra oportunidad. Puedo decir que es un antes y después en mi vida, son dos etapas de pensamientos diferentes. Después que uno tiene un encontronazo con la muerte, vive; y no digo que las otras personas no vivan, pero no son conscientes de estar vivos y dar gracias por eso, disfrutar, reír y vivir". Las palabras de Vero llegan hasta lo más profundo. Su mensaje es concreto y tiene la claridad de alguien que pasó por una situación límite y puso en riesgo su vida.
Verónica Pavón tiene 22 años y vive en Villa Carlos Paz. A los ocho años le diagnosticaron Leucemia Mieloide Aguda y allí empezó su relación con Soles, la Asociación Civil que brinda apoyo emocional y económico a los niños que padecen cáncer y otras enfermedades oncohematológicas, que reciben tratamiento en el Hospital de Niños de la Santísima Trinidad de Córdoba.
"Desde el primer día que me internaron, en Soles, nos ofrecieron un apoyo importantísimo desde lo emocional; pero además estuvieron atentos a que no nos faltara un tele, un catre, microondas", cuenta a Tu Día la joven.
Y agrega: "Estuvieron ahí para levantarme el ánimo, jugar y escuchar a mis padres. Para apoyarlos en aquella situación por la que nadie quiere pasar. Después de salir del hospital seguí en contacto con varios de ellos hasta el día de hoy".
Ella habla de hoy y su presente es el de cualquier chica de su edad. "Mi vida es 100% normal, trabajo independiente en algo que me gusta mucho (fabrica chocolates); estoy en pareja hace tres años, conviviendo, y el año pasado terminamos nuestra propia casa. No tenemos hijos y por ahora no planeamos tenerlos", explica con la certeza que le da haber vencido al cáncer.
Y sigue: "Ya pasaron más de 10 años desde la remisión completa de mi enfermedad por eso hoy no me hago ningún tipo de análisis ni controles. Se podría decir hoy que estoy completamente curada y que no hay posibilidades de recaída".
A pocos días de recibir el diagnóstico, Verónica cumplió los 9 añitos y quedó internada en el Hospital de Niños. Enseguida arrancó el proceso de quimioterapia y después de la primera sesión volvió a su casa 15 días. "Volví por la segunda y tuve una complicación en los pulmones que me dejó en terapia intensiva por 18 días con respirador, pero aunque estaba jodida salí adelante", cuenta la joven que permaneció en el hospital entre el 18 de julio y el 11 de octubre.
La inocencia de la niñez le permitió "alejar" sus pensamientos de la gravedad de la enfermedad y así lo resume: "La doctora me explicó de una manera muy linda lo que me pasaba. Me dijo que mi médula era como un jardín de flores marchitas y que los medicamentos eran para regarlas y vuelvan a crecer fuertes. Siempre fui muy positiva, creo que por mi edad y la inocencia que uno tiene, lo tomé como un juego y aunque mi cuerpo sufrió muchos pinchazos y dolores nunca sufrí emocionalmente".
Y agrega: "Esa es la diferencia entre un adulto y un niño, el adulto se hace problemas y tiene miedo a la muerte, en cambio el niño al no entender no tiene esos pensamientos, y es muy importante que los padres no transmitan eso".
En muchos casos, el cáncer infantil se presenta así. Llega de un día para el otro, sin previo aviso. Por eso, cuando como papá te das cuenta que algo no está bien, consultá con tu pediatra. "Aunque uno crea que nunca le va a pasar, cuando toca, toca", relata Vero, convencida de que el cáncer infantil es un tema tabú, del que no se habla tanto porque a uno no le gusta pensar que un niño tenga que pasar por quimios y rayos.
"Hay que ser positivos y nunca pensar en lo peor, por más que como padre tengan el dolor más grande en el pecho. Demostrar que nada pasa y, como me decía mi mamá: esto sólo sera una anécdota".