Historias fundadoras: “Dani” Rosales

Te contamos la historia del voluntario con más antigüedad dentro de Soles.

Detrás de cada organización donde participan personas hay historia, sin las cuales nada sería igual. Historias de vida, de motivación, de comienzos…
En el caso de Soles, hay historias que nos acompañan hace muchos años, y hay una en particular que nos acompaña desde el principio: “Dani” Rosales.
Dani es un voluntario de Soles que tiene la misma antigüedad que la asociación misma, 19 años.
Aunque en realidad, él nos cuenta que la vocación nació incluso antes, en el año 1997. En ese entonces fue llamado por un grupo de enfermeras del Hospital de Niños para hacer una función de títeres. Cuando terminó, la habían llamado la atención unos “peladitos” que estaban sentados en primera fila, inmediatamente les fue a llevar unos globos. Y ese fue el momento que Dani identifica como revelador, el momento en el que la causa del cáncer infantil le “robó el alma”.
En ese entonces aún no existía Soles, y el comenzó a trabajar en una fundación llamada Gael que hacía visitas a los niños con leucemia. De esa agrupación fueron quedando cada vez menos personas. Y es allí cuando por iniciativa de dos mujeres (Estela y Graciela) se formó un grupo nuevo con Dani como integrante y con “Soles” como nombre.
Así nacieron los “chalecos amarillos”; se fue creciendo, abarcando más necesidades y se fue sumando gente.
En la historia de un voluntario siempre hay cosas buenas y llenas de alegría, pero también cosas difíciles. Dani recuerda su obstáculo más grande dentro de su labor:
“Mi mayor obstáculo es ver la partida de los niños. Me tocó con una adolescente, Caro. El adolescente sabe lo que va a pasar, a diferencia del niño. Ella lo sufría mucho y no hablaba con nadie. Yo iba los martes con mi bolso, títeres, caramelos…etc. Nunca lograba sacarle una sonrisa. Un día, después de 2 meses, dejé mi bolso en su habitación y le dije: aca tenés un montón de cosas, yo te lo dejo ahí, capaz preferís hablar con el títere… Seguí mi recorrida, y cuando me estaba yendo, alzo el bolso y me preguntó: me podés dejar un títere para que juegue conmigo a la noche? Yo creo que ahí hubo un quiebre, una emoción profunda. Cuando fui a mi visita el martes siguiente, tripliqué el contenido de mi bolso para dejarle. Cuando llegue al Hospital no al encontré en su habitación, la busqué por todos lados, pregunté por ella a las enfermeras y no estaba… se había ido de este mundo.”

Son momentos difíciles, pero siempre hay una recompensa, algo que llena el alma y motiva a seguir con la tarea:
“La mayor alegría y satisfacción es el abrazo que te dan, esa sonrisa cada vez que te ven. Yo siempre digo que uno puede tener mil problemas en la vida, pero cuando llegás ahí ves que ellos son ángeles en la tierra, ves todo lo que sufren, ellos y su familia. Entonces lo que te pasa a vos parece nada en comparación, salís de ahí fortalecido. He tenido muchas alegrías y satisfacciones en Soles.”